La mirada interna sobre un objeto criminal, la lectura de la historia vista desde su movimiento interno, a saber, el movimiento de las pasiones de sus protagonistas y la forma en que ellas se rozan y deciden su destino, convoca desde el principio a acompañar un relato libre de enjuiciamientos o justificaciones morales y envuelve al lector en una trama plena de expectación.